Guardar todas las ideas parece diligencia, pero un backlog no es un almacén de peticiones. Cientos de elementos antiguos que nunca van a subir no se están cuidando: se están enterrando. Son un cementerio que esconde el orden real y desmoraliza a quien pidió cada cosa, porque su petición queda perdida entre lo que ya no compite. Un backlog sano tiene forma de embudo, fino arriba y grueso abajo, y se poda. Archivar sin piedad lo que ya no compite es parte del oficio del product owner: decir que no a lo viejo es lo que deja ver, y atender, lo que importa.
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