Comentarios del tipo “esto se hace porque lo digo yo” pueden sonar anacrónicos, pero siguen apareciendo bajo formas más sutiles. Esto se puede asociar a un tipo de liderazgo que Goleman denominaba coercitivo. Sin embargo, ¿puede considerarse realmente liderazgo en el contexto actual?
"Aquí mando yo" es una frase que a día de hoy no ha desaparecido, más bien se ha transformado en comentarios más sutiles y comportamientos disfrazados de "somos una familia". Puede asociarse a un tipo de liderazgo que Goleman denomina como "autoritario" o "coercitivo". Para Goleman, de hecho, este tipo de liderazgo es tan válido como cualquiera, pero sobre todo en momentos de crisis. Y es aquí cuando me surge la duda: ¿realmente cualquier estilo de liderazgo vale? O incluso, ¿se le puede llamar liderazgo?
Realmente no veo beneficios. A corto plazo habrá una obediencia inmediata, pero a costa de generar miedo, resentimiento y cero compromiso; y a largo plazo puede erosionar la confianza, limitar la innovación y bajar mucho la motivación y la autoestima de los equipos. Es más, dificulta mucho un posible cambio y hace más complejo el proceso para recuperar esa confianza.
Parece “eficaz” en las crisis porque apaga fuegos, pero no resuelve el problema de raíz. Lo hemos visto en las crisis de emergencia: lo que funciona es la confianza, la coordinación clara, la colaboración y la comunicación. No la coacción y el señalamiento.
Esto me lleva a pensar que los estilos de Goleman no son atemporales, son un reflejo de un pensamiento propio de finales de los 90 y principios de los 2000, donde todavía se concebía que “liderar” podía incluir imponer o controlar si las circunstancias lo exigían.
En una crisis real, ¿funciona mejor la autoridad o la colaboración? ¿Puede un estilo coercitivo considerarse verdadero liderazgo hoy en día?
Comentarios (1)
Jorge Sánchez López ★★
09/01/2026 17:14Estoy muy alineado con lo que planteas, sobre todo esa idea de que el “aquí mando yo” no ha desaparecido, solo se ha vuelto más sutil… y por eso más difícil de señalar. Cuando el control se disfraza de “somos una familia”, el daño suele ser mayor, no menor.
El matiz que introduces sobre los estilos de liderazgo de Daniel Goleman me parece clave. Que algo esté descrito o clasificado no lo convierte automáticamente en válido hoy. Y ahí es donde creo que haces bien en dudar: ¿hablamos de liderazgo o de gestionar el miedo con buenas formas?
La supuesta eficacia del estilo coercitivo en una crisis suele confundirse con rapidez. Sí, genera obediencia inmediata. Pero también silencio, resentimiento y desconexión. Y esa factura no llega “quizá”: llega seguro, solo que más tarde, cuando ya necesitas confianza, criterio y compromiso… y no están.
Además, en las crisis reales que he visto funcionar —las de verdad, no las de despacho— lo que marca la diferencia no es la imposición, sino la claridad, la coordinación y la confianza construida antes. Sin eso, la autoridad se queda sola muy rápido.
Tu pregunta final abre un debate incómodo pero necesario: quizá el problema no sea elegir entre autoridad o colaboración, sino revisar qué seguimos llamando liderazgo hoy. Porque si liderar no ayuda a que otros piensen, decidan y actúen mejor, quizá no estemos liderando, solo dando órdenes.
Marta, excelente reflexión no buscas agradar, sino hacer pensar. Y eso hoy ya es mucho.